“Lo bello es un escondrijo. A la belleza
le resulta esencial el ocultamiento [...]
belleza es necesariamente una apariencia.
De ella es propia una opacidad…
El desvelamiento la desencanta
y la destruye”


Byung-Chul Han (La salvación de lo bello)

El nombre de esta muestra es suficientemente elocuente como para sentirme inclinado a dejar como presentación una página en blanco. Sin
embargo el hecho de haber atravesado con Alberto Schunk más de 50 años de andanzas entre lápices y pinturas, me dan ciertas claves que odría compartir.
Ante todo cabe recordar que inevitablemente la peripecia de un artista acontece en un tiempo y un lugar desde el que, de una u otra forma, se da testimonio.
En los últimos años estamos crecientemente envueltos en una especie de imperativo de la felicidad, signado por el acceso imprescindible a un estado de bienestar inmediato. Un optimismo edulcorado coloca a las personas en el riesgo cotidiano de eludir la realidad. Frente a esto, un pesimismo lúcido nos da un lugar desde el que situarnos en el mundo. Simplemente no escapamos de los problemas corriendo hacia adelante.
Como pesimista, comparto con Schunk una resistencia a ese espejismo de felicidad. Estamosen la defensa porfiada de encontrar un sentido. Por eso aceptamos ciertas renuncias. Por eso peleamos contra el silencio de la tela, y no nos basta cualquier ruido: queremos arrancarle un sonido, tal vez música. En este entendido, me consta que la música a que alude Schunk al elegir el título para esta muestra no es precisamente el nocturno melancólico ni el que tuvo origen siglos atrás para “divertimento nocturno” en los salones de losricos, sino algo más denso. Seguramente mucho más relacionado con el concepto de la cuerda del cello -arrastrada, de voz casi humana- que con el golpeteo puntual, instantáneo del piano.
Hace 18 años María Yuguero presentaba en esta misma sala la obra de A.S. con un texto muy lúcido del que cito: “sobriedad tonal si raptos gestuales para hombres y espaciosescencializados en una proclividad ortogonal,









rasero contenedor de desbordes y marca a fuego de la escuela universalista de neto cuño uruguayo”
Aquí es donde enlaza esta relación sobre la que me es posible intuir, por conocer su historia y su cotidiano. Aquel vislumbrar su sitio desde el exterior, aquellas construcciones de predominio ortogonal y pincelada mesurada han derivado en estas piezas de hoy, que surgen desde la búsqueda de un espacio entretejido en otro, desde el acecho de un lugar de luz desde lo oscuro (muchas de estas telas están pintadas sobre un lienzo negro). Estas obras no aceptan el plano bidimensional completamente ni se entregan a una alusión evidente al espacio. Se presentan las luces entre lo oscuro a la manera en que se elude la opción por plano o por espacio. Interviene cierta gestualidad por sobre los silencios acordados entre planos entonados que se presentan con la alusión a un relieve. Cuando se trata de esculturas lo hace cuestionando también el espacio, construyendo objetos que requieren casi siempre una lectura bifrontal, que se relaciona con el dibujo en el plano.A mi manera de entender estas obras surgen desde lo oscuro y desde una rabia contenida frente a la impronta de la época, del contacto cotidiano (esta vez sí) con el impacto del contraste entre su experiencia norte y sur. Arranca a lo oscuro esas luces poniendo en tela de juicio la tonalidad y el concepto, confiado a las directivas de una mano que hace con destreza y en ocasiones deliberadamente se abandona al azar, haciendo coexistir lo razonable con lo absurdo.
A cierta altura de la vida un artista mira, obviamente, hacia atrás. Resume lo recorrido, considera las constantes entre sus períodos ...y al mirar en lo que ha derivado su quehacer, se reconoce ´-más allá de sí mismo- en algunos signos persistentes, y en la permanencia de una actitud.
Hacia el final de “El elogio de la sombra”, luego de conducirnos -entre lo oscuro- a lo palpable de algunas insinuaciones de la luz, advierte de sí mismo el maestro J. Tanizaki: “No obstante, como nuestra piel nunca cambiará de color...”
De igual forma, tampoco cambiará nuestra actitud, eso es seguro.


Walter Aiello

volver