Texto curatorial para la muestra
“Urdimbres” - Abril 2016 -Sala “Federico Saez” - Montevideo

En los años 60´ Alberto Schunk participó del fenómeno artístico nacional denominado “dibujazo”, de difícil definición pero oficiante como portavoz de una visión del mundo vinculada a la época, que en el Uruguay revistió notoria relevancia para la expresión gráfica. Esta técnica, en especial significativa para los artistas locales hasta los años 80´, se ha ido diluyendo hasta casi desaparecer al producirse la renovación generacional de las últimas décadas, manteniendo como testimonio sus figuras emblemáticas e incluyendo a un puñado de jóvenes a manera de excepción.
“El arte debe ser algo en concordancia con el curso de la vida. Por eso debemos ser evolucionistas (…) Ser evolucionistas no significa pertenecer a una escuela; es ser independiente; estar contra las escuelas. Es ser algo en el tiempo” Joaquín Torres García (Barcelona 1917).
Por entonces, el joven dibujante Schunk encauzó su hacer artístico de forma acompasada a su discurrir vital, cimentando sus realizaciones en parámetros de riguroso orden, según su devenir orteguiano rumbo a la madurez personal. Sin que esto haya implicado una obliteración de su placer por el dibujo - que nunca abandonó - su lenguaje más visible y constante fue el de una pintura tonal estructurada, en la que desarrolló sucesivas series con especial énfasis en sus paisajes edilicios, de un refinamiento exquisito. Quizá razones de ritmo vital, quizá simple voluntad de poner a la intemperie ése su desdoblamiento creativo en composiciones más libres, esta exhibición de dibujos es la confirmación de su nunca soslayado decir espontáneo, si bien algo reservado en aras de su prevalente imagen de pintor.
Una serie de grafitos y de esculturas que rompe pautas, liberando una línea acintada, sinuosa, expresiva. No se trata de imágenes figurativas, ni de abstracciones, sino de ficciones. El plano finge poblarse de bandas organizadas en entramados más o menos rígidos o laxos, al punto de compactarse en volúmenes o de librarse a un viento imaginario o al ondulante movimiento de las corrientes bajo el mar. Estas características definen ritmos de marcado dinamismo, desplazando ad libitum el centro de irradiación del movimiento e imprimiendo al conjunto una fluctuación de movimientos contradictorios. Algunas formas parecen aprisionar lo oculto invisible que pugna por escapar y, desglosadas, se entrelazan ad infinitum en intrincado recorrido o se decantan como fragmentos móviles.
Los falsos volúmenes generados a partir de cintas aplanadas se inflan y expanden o se contraen axiales destacando por oposición las formas laterales. La utilización de estas líneas presentadas como listones responde a similar recurso compositivo que las imágenes tipográficas o ilustrativas de los íconos celtas medievales. La línea enroscada sobre sí misma o integrada a un sistema de concatenación de nudos permite la emergencia descollante y sorpresiva de elementos de ambigua figuración. Cadencias curvas, vértigo de las formas en fuga.
El grafito funge como técnica ideal para la resolución de estos símiles de urdimbre, maleable en la derivación de grises plateados y capaz de reflejar las luces al punto del destello o de la casi desaparición de las formas, aplanadas por el deslumbramiento. Los contrastes imprimen una tónica dramática a ciertos itinerarios y aun a zonas de completa penumbra. Completando el juego de pseudo realidades, vagas formas parecen imitar roles, tales una planta, una flecha, un pájaro, una flor o de una configuración de insinuaciones eróticas, emulando el trazado sintético que los devela. Estas formas insinuadas llegan a su punto de máxima ambigüedad al trenzarse como si de una trama de cardo se tratase, al punto de estimular la imaginación táctil de la pieza.
Esta sugestión gráfica evoluciona hacia el volumen real en las esculturas de Schunk, que no son sino concreciones espaciales de sus dibujos. Las pequeñas estructuras en blanco y negro se entrelazan, envuelven y enmarañan obsesivas, ásperas, lúdicas. Perdiendo su turgencia y suavidad, las líneas de cuerda que conforman estas esculturas delimitando su espacio interior toman el carácter agresivo de la línea recta, compactándose en tejidos bastos tensados sobre rústicos armazones de cañas. El aire circula igualmente a través de estos bastidores, como en el espacio ambiguo de los dibujos, y en su misma línea algunos presentan referencias al mundo real, citaciones de objetos, situaciones, ya no insertos como elementos, sino con un carácter constitutivo global. La tónica de los títulos diríase humorística, si bien virada al sarcasmo en su concreción punzante, de restringidas curvas. Materiales: madera, hierro y chaura.
La textura, delicada en la variada amplitud de sus ondulaciones en los dibujos, se fragmenta en forma drástica en las esculturas: pequeñas parcelas entretejidas e hilvanadas resultando una urdimbre inextricable, cuya lectura no admite el deslizar de la mirada, sino que avanza deteniéndose en cada accidente. Estas disímiles características de sus versiones dimensionales no inhiben, sin embargo, la simple conclusión de que las esculturas emulan la forma espacial de los grafitos.
El pintor, el dibujante y el escultor son facetas de un artista que, a manera de Jano, parece oscilar entre la racionalidad pictórica y el expresionismo de sus grafitos, llevado a su extremo en la concepción de sus esculturas, ubicadas en la subjetividad del humor o de la ironía. Lenguajes que describen una sensible personalidad, capaz de ofrecer una panoplia de sí misma.

María E. Yuguero Montevideo, 2014



The Structures of Silence

The seediness and marginalization of old cities, their nightlife and weariness pervaded by the stench of death-think of the tango-- are seductively attractive to the image maker. Onetti, Borges, Cendrars, Toulouse-Lautrec, Dix, Hopper, Carlos de la Púa, and Bukowsky have all delved into the dark underworld of the urban nightscape, its smoke and alcohol, its blend of erotic and kitchy music, its decadence, its nostalgic yearnings and its desperation.

These timeless stereotypical images of unspoken loneliness provide the characters and building blocks for the canvases of Alberto Schunk. Nowhere Men of nowhere lands, illegitimate sons of destiny, seeking refuge in the nightspots of anonymous cities where, oddly, the noise never fully eclipses the city's inherent silence.

Although the images he uses are laden with meaning, Schunk manages to wholly transform them, creating graceful structures with their own pictorial language, syntax, and rules of tone, form and composition. Through a painstaking and systematic approach, and invoking the romantic power of myth, Schunk succeeds in arranging these images into a precise harmonious order, as if orchestrating this urban gloominess to the rhythms of the constructive tradition established by Torres Garcia, [the Uruguayan theorist and painter]. Of special note is the skill with which Schunk uses his medium to craft works in the classic and disciplined tradition built on the development of technique.

His aesthetic search suggests a universal vision of modern society, with a distinctly Uruguayan seal of tonal and structural rigor. Alberto Schunk was born in Montevideo.

María E. Yuguero Montevideo, 2001

Translation - Alvaro Correa